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¿Participación real o solo para la selfi?

¿Participación real o sólo para la selfi?  -Desafíos de la gobernanza colaborativa y la generación de espacios participativos-

 

 

 

                                                                                          Por Leopoldo Fidyka (ESEIAP)

 

 

 

   La participación en las políticas públicas es fundamental para fortalecer la democracia. Su ejercicio garantiza que las decisiones gubernamentales reflejen las necesidades reales de la sociedad, aumenten la legitimidad institucional y promuevan la equidad. Además, favorece el control social, mejorando la transparencia y la rendición de cuentas, lo que a su vez reconstruye la confianza en las instituciones públicas.


   Un aspecto central es la cocreación y la innovación pública. En este sentido, la ciudadanía aporta una diversidad de perspectivas indispensable para la construcción de soluciones, permitiendo un ajuste preciso a las necesidades territoriales y la detección temprana de problemas. Asimismo, al involucrarse en el proceso, el ciudadano asume un rol activo y corresponsable en la implementación y el cuidado de lo público.


   No obstante, todo proceso participativo enfrenta desafíos críticos, tales como la crisis de representatividad, la asimetría de información y recursos, la brecha digital y la desconfianza ciudadana. A esto se suman obstáculos institucionales, políticos y, frecuentemente, fallas en el diseño metodológico. El gran desafío actual es trascender la participación simbólica para alcanzar una gobernanza colaborativa, donde la ciudadanía ejerza un poder real de decisión en el diseño de su futuro.


   Para formular un proceso participativo efectivo, es imperativo definir desde el inicio ciertos lineamientos estratégicos:

  • Propósito: ¿Por qué y para qué vincular a la ciudadanía en este proceso?
  • Alcance: ¿Cuál será el objeto y los límites de la participación?
  • Oportunidad: ¿En qué etapa del ciclo de la política pública se implementarán los mecanismos?
  • Instrumentos: ¿Qué dispositivos se utilizarán? ¿Existen canales previos o es necesario crearlos?


   Por otro lado, una mención especial requiere los aspectos metodológicos, los cuales dinamizan y viabilizan el proceso. Esto abre un abanico de interrogantes operativos:

   ¿Quiénes deben participar?, ¿Cómo realizar una convocatoria efectiva?, ¿de qué manera se puede diseñar una dinámica de encuentro atractiva y eficaz?, ¿Quién la va a facilita? y fundamentalmente, ¿Cómo se canalizarán los resultados y se evaluará el proceso?

 

 

   Abrir un espacio de participación es, ante todo, un ejercicio de responsabilidad política y técnica. No obstante, cuando el diseño metodológico falla, estos espacios corren el riesgo de degradarse en meros simulacros: encuentros estéticamente impecables para el registro visual, pero carentes de capacidad para transformar la realidad. La experiencia acumulada en diversos territorios permite identificar una serie de inconsistencias y anomalías que, con frecuencia, convierten procesos potencialmente valiosos en oportunidades perdidas.

 

   A continuación, se detallan los ocho errores más comunes en la generación de espacios y talleres participativos:

 

  • 1. Improvisación: Se produce cuando existe una planificación deficiente del proceso o una incapacidad para comunicar sus reglas y objetivos con claridad a los participantes.
  • 2. Superficialidad: Ocurre cuando, tras el despliegue de dinámicas "entretenidas", la información recabada es escasa o irrelevante. En estos casos, la ciudadanía no logra visualizar los objetivos ni el impacto real de su aporte.
  • 3. Opacidad: La falta de transparencia respecto a los propósitos, los resultados esperados y el compromiso de devolución de los productos a la comunidad erosiona la confianza en el proceso.
  • 4. Premura: La urgencia por alcanzar conclusiones apresuradas impide profundizar en aspectos complejos o inexplicados, sacrificando la calidad del diagnóstico por la rapidez del cierre.
  • 5. Exclusión: Sucede cuando el diseño del proceso omite integrar a ciertos sectores de la comunidad, limitando la representatividad y la diversidad de perspectivas.
  • 6. Imposición: Se manifiesta cuando los responsables abandonan su rol de facilitadores para imponer visiones propias, clausurando la escucha activa y la capacidad de aprendizaje mutuo.
  • 7. Manipulación: Se presenta cuando el proceso se instrumentaliza únicamente para validar decisiones preexistentes de líderes o técnicos, buscando legitimar propuestas propias bajo una apariencia de consenso. Se “maneja” el proceso para convalidar “sus propias” propuestas.
  • 8. Decepción: Todo proceso participativo genera expectativas legítimas. Si no se garantiza un seguimiento adecuado, se incurre en una práctica "extractivista" de información que no devuelve valor a la comunidad, comprometiendo gravemente la credibilidad de la metodología, lo que va atentar contra ulteriores convocatorias.

 

   En conclusión, la diferencia entre una política diseñada para la 'selfi' y una verdadera gobernanza colaborativa radica en el rigor y la honestidad del proceso. Evitar los errores señalados no es solo una cuestión de prolijidad técnica, sino un imperativo ético para quienes gestionan lo público. Solo mediante procesos transparentes, inclusivos y metodológicamente consistentes se logrará que la participación ciudadana deje de ser un evento aislado y se transforme en la base de un proyecto compartido.