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Curso Warat: estación 2 "Conocimiento transdisciplinario"

 


                                                                                                              Por Leopoldo Fidyka

 


   En la segunda estación del curso virtual "Introducción al pensamiento de Luis Alberto Warat", se abordan aspectos relacionados con la transdisciplina y la epistemología "carnavalizada".

 

2. Estación Transdisciplina y Arte

  Según la concepción de waratiana, el derecho no puede permanecer confinado en la racionalidad cartesiana ni en la dogmática tecnocrática. Su propuesta transdisciplinar busca superar el paradigma normativista que reduce lo jurídico a una técnica desconectada de la vida social y afectiva, procurando en su lugar la integración de saberes heterogéneos. En este marco, Warat centra su inquietud en la epistemología como estudio del origen y los límites del conocimiento científico, planteando una ruptura con el modelo cartesiano, el fomento de la transdisciplina y el acceso al conocimiento a través del arte y la corporalidad.


   Respecto a la ruptura con la matriz cartesiana, mientras que esta última busca una distinción tajante entre sujeto y objeto en pos de una verdad universal, Warat afirma que el derecho es una práctica social atravesada por el deseo, el poder y la subjetividad. Así, frente al sujeto cartesiano definido como un observador neutral que utiliza el método lógico-deductivo para hallar la verdad en la norma escrita, Warat propone un sujeto deseante influido por el inconsciente. Su método es sensible y transdisciplinario, entendiendo la verdad como una construcción social y política con un lenguaje ambiguo que a menudo crea una realidad propia distinta de la social, orientándose siempre hacia la emancipación y el reconocimiento del otro.


   La transdisciplinariedad aparece entonces como un enfoque para superar la fragmentación del conocimiento. No se trata simplemente de sumar disciplinas, sino de crear un espacio común que trascienda fronteras para comprender la complejidad de la realidad. Warat traslada este concepto al ámbito jurídico y educativo como una estrategia de transformación cultural que desplaza la relación sujeto-objeto hacia la intersubjetividad. Esta actitud vital y política busca construir un mundo donde el encuentro con los demás resista la homogeneización y la dominación, integrando la ética, la estética y la afectividad. De este modo, se promueve la redistribución del capital simbólico para definir quién puede hablar y qué se considera conocimiento válido, erosionando el autoritarismo pedagógico para enseñar el derecho como un acto de amor y cuidado.


   Bajo esta mirada, el derecho debe dialogar con la psicología, la ecología y la semiología, incorporando un enfoque estético a través del cine, la literatura y la expresión corporal. Warat fue precursor al introducir en los programas académicos asignaturas inéditas como epistemología jurídica, derecho y psicoanálisis o derecho y arte.

   Para el autor, el arte no es una mera ilustración de la filosofía, sino una forma de redescubrir la sensibilidad y comprender que el cuerpo se comunica con otros cuerpos. Esta apertura al otro es necesaria para la propia existencia, y el arte se instrumentaliza como un campo que permite la transgresión y el cuestionamiento de los significados instituidos.


  Esta propuesta dialoga con marcos conceptuales como los de Herbert Marcuse sobre el carácter afirmativo del arte, para mejorar las condiciones de existencia y potenciar la capacidad de producir sentidos propios. Asimismo, se vincula con el concepto de razón sensible de Michel Maffesoli, quien sostiene que el conocimiento no es solo lógico sino carnal, una unión entre sujeto y objeto que incorpora la emoción y la imaginación de la experiencia cotidiana. En este contexto, Warat introduce la “carnavalización del derecho” como una metáfora de la desestructuración de jerarquías y el “surrealismo jurídico” como una invitación a imaginar realidades más allá de lo normativo.


   La carnavalización, inspirada en Mijail Bajtín, propone la inversión de las solemnidades y la polifonía del lenguaje frente al monologismo dogmático. Esta multiplicidad de voces permite que quienes no suelen ser escuchados ingresen como productores de sentido. Por su parte, el surrealismo jurídico busca liberar al derecho de su racionalidad utilitaria para devolverle su potencia creativa y erótica, desplazando lo que el autor denominaba una racionalidad culpabilizadora.


   Al proponer una búsqueda erótica y poética, Warat sostiene que el conocimiento debe ser una experiencia vibrante que recupere la capacidad de sentir y desear, una vía que permite denunciar el autoritarismo oculto en las instituciones que intentan domesticar la subjetividad. Conocer sería un acto político de liberación, porque a través de esta "carnavalización" (desordenar el orden establecido) se puede construir una democracia verdadera y vital.

 

  En su libro: "La Ciencia jurídica y sus Dos Maridos" afirmaba que por la vía de la carnavalización podemos "dar alas a una búsqueda erótica, lúdica, mágica, poética y fundamentalmente política". En este trayecto la revelación del autoritarismo servirá para proseguir, aprendiendo lo que es la vida y la democracia. Por lo tanto, el espacio político que así se diseña, sería "un procedimiento lúdico que permite perseguir las señales de lo nuevo, y escapar (marginal y maliciosamente) la paz de las intoxicaciones ideológicas". En su contexto, enfatiza que la carnavalización "es una tentativa de fuga de los discursos ideológicos por la reconciliación de los cuerpos con los deseos”.

   
   Finalmente, este pensamiento no se quedó en el plano teórico, sino que se materializó en proyectos como Casa Warat, un espacio no institucionalizado para la formación crítica. Este laboratorio extra-académico que nace en Buenos Aires a fines del año 2008, tuvo antecedentes en experiencias de la Universidad de Brasilia y el denominado "Cabaret Macunaíma", donde se integró el derecho con la estética y la afectividad.

   Casa Warat desarrolló múltiples actividades como cafés filosóficos, encuentros de cine debate, laboratorios de surrealismo jurídico y seminarios de pedagogía afectiva. Warat definía este espacio como una "multiversidad surrealista popular", concebida para integrar saberes jurídicos, artísticos y comunitarios bajo una dinámica abierta y horizontal. S
e organizó como una red rizomática de casas deterritorializadas, sin estructura jerárquica, burocrática, ni requisitos académicos, con presencia en ciudades como Buenos Aires, São Paulo y Goiás. Cada “Casa” funcionaba de manera autónoma, pero compartía el mismo ideario: pensar el derecho desde la razón sensible y crear puntos de fuga frente a la racionalidad cientificista.