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Curso Warat: estación 1 "Derecho"

 

                                                                                                                  Por Leopoldo Fidyka
 

 

 El curso dedicado al pensamiento de Luis Alberto Warat, que estamos desarrollando en nuestro campus virtual, se organiza a través de una serie de estaciones temáticas: —Derecho, Transdisciplina, Pedagogía, Mediación, Democracia y Futuro—, cada una conformada por paisajes conceptuales que invitan a explorar sus reflexiones sobre la filosofía, la educación y diversas dimensiones interrelacionadas.


1. Estación Derecho


   Iniciamos este recorrido en la estación Derecho, donde Warat propone que el fenómeno jurídico no constituye meramente un conjunto de normas, sino una práctica discursiva profundamente atravesada por la ideología, el lenguaje y los afectos.

   Bajo esta perspectiva, se pueden identificar tres ejes fundamentales que estructuran su pensamiento. En primer lugar, la invalidación de la neutralidad jurídica, donde se sostiene que la pretensión de objetividad es una ilusión, ya que las normas y sus interpretaciones están impregnadas de valores, intereses y contextos históricos. En su obra sobre el derecho en historieta ("Os Quadrinhos puros do Direito"), Warat utiliza la metáfora de la "Mulata Fundamental" para reivindicar un derecho vital, impuro y plural que se aleja de la pureza técnica y responde a las relaciones de poder.


   Un segundo eje central es la concepción del derecho como discurso, un sistema de significados que instaura realidades y produce poder. El lenguaje jurídico no se limita a organizar signos, sino que construye verdades que establecen jerarquías y exclusiones, generando efectos directos tanto en la subjetividad como en el tejido social.


   También introduce como tercer elemento, la dimensión de la ideología y los afectos, afirmando que detrás de la aparente racionalidad jurídica subyacen emociones, deseos y mecanismos simbólicos. Esta mirada revela que el derecho no solo regula conductas externas, sino que también moldea la conciencia y la formación de los sujetos.


   Dentro de este marco, se destaca su aporte conceptual: “el Sentido Común Teórico de los Juristas”, entendido como un conjunto de certezas compartidas y naturalizadas que funcionan como una ideología invisible. Este sistema de creencias permite que abogados, jueces y académicos se comuniquen mediante un código de verdades preestablecidas que pocas veces se someten a una revisión crítica profunda.

   Esta tensión entre la rigidez y la vida se ejemplifica magistralmente en su obra sobre “La Ciencia Jurídica y sus Dos Maridos” donde a través de la analogía de sus personajes, el autor expone el conflicto entre el derecho como norma lógica y puramente técnica, representada por Teodoro, frente a la dimensión afectiva, creativa y carnavalesca de la condición humana encarnada en Vadinho, la cual suele ser ignorada por la dogmática tradicional.

   Al respecto Warat decía: 
Oponiendo Teodoro y Vadinho, se encuentran definidos para el imaginario de Doña Flor, los lugares del deber y del placer.  Se trata de "un contraste que permite percibir como el deseo puede perderse cuando el lugar del placer es convertido en un lugar del deber, se pierde cuando el placer es realizado como obligación, como un mecanismo de defensa del deseo frente al pecado.  Siempre que la obligación repercute en el placer, tenemos alguna forma de ejercicio de la represión”. Por lo tanto, era preciso colocarle a la ciencia jurídica la máscara de Vadinho, "para montar mis intuiciones subversivas y sublimar la parte maldita de la cultura jurídica”, (Warat, 1985).